En Honduras viven siete pueblos indígenas: miskito, tawahka, nahua, maya chortí, pech, lenca, tolupán. Y a pesar de ello, la discriminación racial en Honduras sigue estando presente. Además, hay dos afrohondureños, garífuna y negro de habla inglesa que representan más del 15% de la población total del país. Todos ellos tienen cultura y diversidad que se entrelazan con condiciones de pobreza y desigualdad.
El Convenio 169 de la OIT establece que los pueblos indígenas tienen el derecho de gozar plenamente de los derechos humanos y libertades fundamentales, sin obstáculos ni discriminación, se refiere específicamente al “acceso al empleo” y a una igual remuneración por trabajo de igual valor.
Sin embargo, esa no es siempre la realidad. Las personas que pertenecen a pueblos indígenas y afrodescendientes experimentan en muchos países la discriminación racial. Hoy hablamos con una mujer afrodescendiente hondureña, que nos da pistas de los retos que aún quedan por superar en este aspecto.

Marla Clark, garífuna y profesional cualificada
Marla ronda ya la cincuentena y a lo largo de su vida se ha desarrollado como secretaria comercial. No lo ha tenido fácil… Su padre era obrero en la Standard Fruit Company y tuvo que trabajar mucho para sacar a su familia adelante. Marla recuerda su infancia recorriendo las plantaciones de bananos “Palo verde”. Hoy, muchos años después, ella también reproduce la historia de su padre. Lucha por dar una mejor educación y futuro a sus cuatro hijos en una sociedad que, reconoce, les sigue discriminando por ser negros.
Pregunta. ¿Cuál es tu etnia? ¿Nos puedes hablar un poco de su historia?
Respuesta. Soy garífuna y desde niña mi mamá me contaba que nuestros antepasados habían venido de África como esclavos y luego migraron a varios países. Honduras era uno de ellos. Miles de años después, acá en Colón, donde pertenezco las cosas están al revés: los jóvenes están migrando… Sin embargo, también hay otros que se quedan para seguir luchando por un mejor futuro.
P. ¿Qué es lo que más valoras de tu cultura?
R. Lo que más valoro es la solidaridad, porque se mantiene en el tiempo. En nuestra comunidad las personas siempre están dispuestas a contribuir y apoyar causas nobles. Es normal, además, ver a las mujeres haciendo trabajos mancomunados para sacar a sus familias adelante. Sin duda es una cultura en la que la fortaleza también es relevante.
P. ¿Sientes que el hecho de ser afrodescendiente te ha impedido optar a ciertas oportunidades en la vida?
R. La respuesta es diferente si hablamos del entorno rural o urbano. En las comunidades todos nos apoyamos, pero en las ciudades es diferente. Cuando eres garífuna te estigmatizan, piensan que no sabes mucho, que no tienes mucha educación. Por eso tienes que armarte de valor, estudiar, especializarte, dar 110% y cuando eres mujer mucho más.
P. En el día a día, ¿te sientes diferente?
R. No me siento diferente, me siento orgullosa porque yo puedo entender a mi gente. Hablo español, pero también hablo garífuna y eso es muy bueno porque la mayoría de la población habla el garífuna. Me siento útil. Sin duda, la juventud se dan la tarea de aprender y enseñar a oras generaciones y eso me llena también de orgullo.

P. ¿Hasta qué punto los estereotipos pueden dañar a las personas o al colectivo de una determinada etnia?
R. Mucho. Si las personas o la comunidad se cohíben o ponen atención a los estereotipos dejan de participar en cambios transcendentales. Debemos ser consientes de quiénes somos y del valor que tenemos en la comunidad y en la sociedad en general.
P. Cuando has optado por un empleo, ¿has sentido alguna vez cierta discriminación por el hecho de ser diferente?
R. Me pasó una vez.. Era dependienta de un supermercado, encargada de limpiar los productos y colocarlos en los estantes. Algunas personas pensaron que podían humillarme. Tienes que tener mucho control y fuerza para hacerte respetar. Por eso la educación es importante. Después de eso me puse a estudiar, me gradué de secretaria comercial y ahora trabajo en el Registro Nacional de las Personas. También formo parte del Consejo de Niñez.
P. ¿Conoces los derechos que te corresponden?
R. Conozco mis derechos, pero no todo el tiempo fue así. Antes no sabía lo importante que era ser consciente de lo que perdemos como mujeres si no lo exigimos. Y es imposible exigir sin conocer.
Aquí tengo que destacar el importante papel que desarrolla Ayuda en Acción en nuestra comunidad en este sentido de conocimiento de nuestros derechos. Nos ha apoyado con capacitaciones pero ha ido mucho más allá: nos ha dado oportunidades a mujeres de la comunidad para lograr nuestra independencia económica con el desarrollo de emprendimientos.
P. ¿Qué le dirías a una persona que juzga a otra solo por el color de su piel?
R. Que todos y todas somos iguales y tenemos igual derecho.
P. ¿Crees que para una mujer afrodescendiente o indígena es más difícil aún optar a más oportunidades de futuro por ejemplo en el acceso a empleo?
R. Sin duda, es mucho más difícil. Cuando somos mujeres afrodescendientes nos tenemos que preparar mejor porque nos cuestionan más, tenemos que demostrar que somos capaces como cualquier persona blanca.
Pero las cosas están cambiando, ahora nosotras mismas somos más conscientes de nuestra valía e incluso nos reivindicamos como afrodescendientes. Por ejemplo, antes nos alisábamos el pelo para asimilarnos más al standard. Hoy somos muchas quienes llevamos el pelo crespo, natural. Las mujeres garífunas seguimos creciendo, amando nuestra cultura y a nosotras mismas.
(*Entrevista realizada por Liz Ordóñez, responsable de comunicación en Honduras y editada por Noemí García)